|
La semilla maravillosa Ron DeBoer 4/11/2012
La primavera es un buen momento del año para hablar de semillas. Los agricultores de toda Norteamérica se alistan para la época de siembra. Esperarán a que el clima cambie para remover la tierra, ararla, plantar las semillas de la manera habitual (en línea recta), y pronto después fertilizarán el campo para lograr un crecimiento óptimo. La ingeniería de semillas y la experiencia del agricultor permiten obtener cosechas casi perfectas dependiendo del clima. A menos que haya lluvia abundante, una larga sequía o vientos fuertes, el agricultor observará que su campo crece robustamente hasta el tiempo de la cosecha.
El problema es que rara vez se presentan las condiciones óptimas durante la época de crecimiento. Cuando yo era niño, crecí en una granja en la que mis padres pasaban gran parte de la primavera orando por buen tiempo y buenas condiciones para el crecimiento. Su sustento dependía de eso y su confianza diaria en la provisión Dios era evidente cada noche, durante las oraciones a la hora de cenar.
Las semillas son fascinantes. Es probable que todos hayamos llevado a casa un vaso de plástico con tierra y lo hayamos puesto en el marco de la ventana, observando cómo aparece el tallo, después un pequeño brote y antes de que nos demos cuenta, ya hay una brizna de pasto completa, elevándose hacia la luz. Cuando se atiende, se riega a diario y se pone en un lugar soleado, la brizna de pasto crece a la perfección. El agricultor tiene que ser premeditado en cuanto al cuidado y nutrición de la semilla.
Jesús también estaba fascinado por las semillas. Las usaba a menudo en sus parábolas. En Marcos 4:3-9, Jesús cuenta la parábola del sembrador.
«¡Escuchen! Un agricultor salió a sembrar. A medida que esparcía la semilla por el campo, algunas cayeron sobre el camino y los pájaros vinieron y se las comieron. Otras cayeron en tierra poco profunda con roca debajo de ella. Las semillas germinaron con rapidez porque la tierra era poco profunda; pero pronto las plantas se marchitaron bajo el calor del sol y, como no tenían raíces profundas, murieron. Otras semillas cayeron entre espinos, los cuales crecieron y ahogaron los brotes, así que esos brotes no produjeron grano. Pero otras semillas cayeron en tierra fértil, y germinaron y crecieron, ¡y produjeron una cosecha que fue treinta, sesenta y hasta cien veces más numerosa de lo que se había sembrado!». Luego les dijo: «El que tenga oídos para oír, que escuche y entienda» (NTV).
Durante un estudio bíblico, una vez cuestioné la sabiduría de este agricultor, ya que aparentemente sembró sus semillas inútilmente. ¿Por qué permitiría que las semillas cayeran en tierra poco profunda o en el camino? Pero un miembro del grupo, que era mucho más sabio que yo, señaló que como sembradores espirituales no tenemos que preocuparnos de adónde caen nuestras semillas. Debemos ir por la vida plantando semillas espirituales dondequiera que vayamos: en el trabajo, en la escuela, en el parque, y Dios proveerá las condiciones que sean necesarias para que se dé el crecimiento espiritual. La nota al pie de página de la Life Application Study Bible lo explica de esta manera: «Las parábolas deben alentar a “sembradores” espirituales: aquellos que enseñan, predican y guían a otros. El sembrador plantó buenas semillas pero no todas ellas brotaron, y hasta las plantas que crecieron tuvieron rendimientos diferentes. No se desalienten si no siempre ven los resultados mientras enseñan fielmente la Palabra. Algunas personas no comprenden la verdad de Dios porque no están listas para ella. Dios les revela la verdad a las personas que actuarán en consecuencia y la harán visible en su vida… La Productividad está en las manos de Dios».
Me encanta esa última frase: «La Productividad está en las manos de Dios». A menudo ponemos demasiada presión sobre nosotros mismos para lograr «resultados»: llevar a la gente desde el nivel cero a un nivel de fe alto. Cada uno de nosotros es una pequeña semilla que Dios está esparciendo en esta tierra. Hacemos nuestra pequeña parte como sembradores en nuestras áreas de influencia y Dios hace el resto porque tiene un gran plan para su Reino.
Que Dios lo bendiga mientras usted sigue adelante y esparce sus semillas.
Ron DeBoer es un escritor y educador que vive cerca de Toronto.
|