Reexaminando la Salvación
Jack Radcliffe
3/10/2012

Desde el comienzo de la historia, la humanidad ha luchado por comprender y lidiar con nuestra situación. Las duras realidades de una vida finita en un mundo destrozado, la búsqueda de la humanidad, es usar todos los recursos a nuestra disposición para descubrir la cura: lo que nos salvará.

Como miembro «occidental» de la fe cristiana, la salvación me fue presentada así: Jesús muriendo en la cruz con el fin de rescatarme a de mis tendencias pecadoras, cambiarme (léase arreglarme) o transformarme a moralmente, restaurarme a para tener una relación correcta con Dios y, más importante aún, darme vida eterna. La oferta de la salvación requiere una respuesta de mi parte. También tengo la responsabilidad de vivir o nutrir mi salvación a través de prácticas espirituales y la obediencia. Nada podría estar más claro. Sé lo que Dios ha hecho y lo que yo debo hacer. De hecho, la fórmula funciona en nuestro pragmático lado del mundo.

Después de muchas décadas de vivir bajo esta interpretación de la salvación bíblica he estado examinándola nuevamente. Sí, la Biblia muestra que los humanos somos la joya de la corona de la creación pero, ¿por qué? ¿Porque somos así de especiales? No estoy tan seguro de eso.

En su libro El espíritu de las disciplinas, Dallas Willard nos da algunas respuestas. Citando Romanos 8:20 nos recuerda algo que olvidamos a menudo: toda la creación fue impactada por la maldición de Dios, no solo los humanos. ¿Por qué? Porque fracasamos en nuestra responsabilidad de atender la creación. Willard nos muestra lo que dice nuestro Génesis: «el estado actual [de la creación] es el resultado de la guerra de la humanidad contra ella misma y contra Dios». La consecuencia del sistema sacrificial fue un recordatorio constante de que hemos fallado al no servir a Dios de la manera que él diseñó.

¿Podría ser que nuestra salvación tiene un propósito más extenso que simplemente hacer posible que vayamos al cielo? ¿Es la intención de Dios que nuestra salvación sirva para el doble propósito de restaurar nuestra relación con Dios y nuestro propósito original de gobernar la tierra correctamente?

El libro de Génesis nos dice que somos diferentes al resto de la creación por dos motivos. El polvo recibió vida cuando Dios sopló aliento de vida en él y lo llamó Adán u hombre. La primera razón por la que somos únicos es porque el ser humano está hecho a la imagen de Dios. Ninguna otra criatura creada refleja la naturaleza de Dios. La segunda razón es que, como portadores de la imagen de Dios, se nos dio el propósito de actuar a favor de nuestro Creador. Nuestra tarea es ejecutar las responsabilidades que se nos han dado y funcionar de acuerdo con lo que Willard llama «poder limitado y sin embargo independiente». Ese poder incluye el libre albedrío que nos permite elegir alinearnos con el propósito de Dios y la responsabilidad que se nos da, o no.

La historia da un vuelco brusco cuando los primeros humanos eligen hacer las cosas a su manera. Willard describe este evento del Génesis como provocar «la muerte de esta relación interactiva con Dios y la pérdida del poder requerido para satisfacer su rol como gobernantes de la tierra y elegidos por Dios». ¿Cuál es la verdadera preocupación de Dios al ofrecer la salvación, su amor por nosotros o toda la creación? Si es lo último, ¿Qué significa realmente ser «salvo» y restaurado para una relación correcta con Dios?

Significa más que un boleto al cielo. Significa confianza renovada. Significa que él nos ama tanto que somos restituidos y nos vuelve a dar el poder, así como se lo dio a Pedro (Juan 21:15-19), de ser socios a la imagen de Dios para que cumplamos con nuestro papel de mayordomos de la creación, de la historia redentora y del Reino de Dios que sigue estableciéndose y que se extenderá eternamente.

Jack Radcliffe está casado y es padre de cuatro hijos; es consejero (www.redwoodcoach.com); conferencista y asesor ministerial,  decano del Youth Ministry Institute of the Tennessee Conference UMC y profesor adjunto del Martin Methodist College. Tiene una Maestría en Divinidad del Ashland Theological Seminary de Ohio y un Doctorado en Ministerio de Teología Práctica, Desarrollo y Cultura de la Adolescencia del Fuller Theological Seminary.